sábado, 20 de diciembre de 2025

El español como herencia viva: Marra Lanot y la continuidad de una tradición filipina

La publicación de Poesía completa en lengua española (Visor, 2025) de Marra Lanot es, más que un acontecimiento editorial, un gesto cultural de profundo calado. No se trata únicamente de reunir en un solo volumen los poemas que la autora filipina ha escrito en español a lo largo de varias décadas, sino de afirmar la vigencia de una lengua poética que muchos dieron por extinguida en Filipinas tras los traumáticos quiebres históricos del siglo XX. En el contexto de la literatura filipina contemporánea, escribir poesía en español no es un gesto neutro. Es, inevitablemente, una toma de posición. Desde la desaparición progresiva del español como lengua de cultura después de la Segunda Guerra Mundial, la tradición literaria filipina en español —que en el siglo XIX y la primera mitad del XX dio figuras mayores como José Rizal, Fernando María Guerrero, Cecilio Apóstol, Jesús Balmori o Antonio Abad— quedó relegada a los márgenes de la memoria literaria. La sustitución del español por el inglés y, en otro plano, por las lenguas nacionales, supuso no sólo un cambio lingüístico, sino también una fractura simbólica con una parte fundamental de la historia intelectual del archipiélago. En este panorama, la obra en español de Marra Lanot adquiere un significado particular. Conviene subrayar, además, que su relación con el español no es heredada de un entorno familiar hispanohablante —como ocurre en los casos de Guillermo Gómez Rivera o Benito Legarda—, sino fruto de una elección consciente y tardía. Lanot aprende el español de adulta y lo adopta deliberadamente como una de sus lenguas de creación literaria. Este dato no es menor: lejos de situarla en una posición secundaria, refuerza el carácter electivo y plenamente contemporáneo de su escritura en español, entendida no como lengua recibida, sino como lengua conquistada. Lanot no escribe en español por nostalgia ni por arqueología cultural; lo hace como lengua viva de creación, como instrumento plenamente válido para expresar la experiencia íntima, la memoria familiar, el deseo, la reflexión existencial. Su español no pretende imitar modelos peninsulares ni latinoamericanos, ni se pliega a una norma externa: es un español que respira desde Filipinas, atravesado por otras lenguas, otras cadencias y otras sensibilidades. En este sentido, su poesía dialoga de manera natural con el espacio iberoamericano, al que Filipinas ha estado históricamente más vinculada en términos culturales e imaginarios que al ámbito asiático estrictamente entendido. Esa pertenencia excéntrica, pero real, se manifiesta en referencias, ritmos y temas que conectan su voz con una tradición transatlántica compartida. Una lectura atenta del volumen permite apreciar también la evolución interna de su obra. Los primeros poemas están atravesados por un aire deliberadamente sencillo, casi naíf, que recuerda por momentos a la poesía de Gloria Fuertes: una dicción directa, un tono lúdico y una mirada limpia sobre lo cotidiano y lo familiar. Esa aparente ingenuidad no debe confundirse con falta de profundidad, sino con una poética de la claridad que busca una comunicación inmediata con el lector. En algunos textos, además, la musicalidad es tan marcada que no resulta difícil imaginar ciertos poemas como letras de canciones de ritmos latinos —Bailo como quiero, Cuba—, donde el verso parece moverse al compás del cuerpo y la celebración vital. Con el paso del tiempo, esa poesía de lo doméstico y lo familiar se va densificando y abriendo a otras dimensiones. Aparecen con mayor fuerza los temas sociales, en los que se plantea la tensión entre la colectividad y la subjetividad individual, como ocurre de manera explícita en La multitud contra el individuo. Junto a ello, emerge una conciencia ecológica cada vez más definida, visible en poemas como Los animales o Deseo ser, donde la voz poética interroga la relación del ser humano con el entorno natural y con las otras formas de vida. Finalmente, la obra avanza hacia una reflexión existencial de gran intensidad, que roza en ocasiones lo metafísico. Versos como «Sufrió mi amor y mis amores; ya llegamos a la puerta del cielo o al fuego del infierno» condensan una visión del amor, del dolor y del destino humano que trasciende lo anecdótico para situarse en un plano casi último, donde se enfrentan la esperanza y la condena, la trascendencia y la finitud. El lector se encuentra así ante un español que no pertenece del todo a ningún centro hegemónico del idioma. No es el español peninsular ni el hispanoamericano, sino una variedad literaria marcada por su condición periférica y, precisamente por ello, enriquecedora. En una época en la que se habla con frecuencia de la “diversidad” del español, la poesía de Lanot recuerda que esa diversidad incluye también territorios casi borrados del mapa lingüístico, como Filipinas, donde el español subsiste en forma de memoria, de archivo y —gracias a autores como ella— de creación contemporánea. Poesía completa en lengua española permite, además, leer de manera continua una voz que ha sabido mantener su coherencia poética al margen de la lengua elegida. Quien conozca la obra de Lanot en inglés o en filipino reconocerá aquí los mismos núcleos emocionales y temáticos: la atención a lo cotidiano, la exploración del amor y la pérdida, la conciencia del tiempo y de la fragilidad humana. Sin embargo, en español estos temas adquieren una resonancia distinta, como si la lengua aportara una capa adicional de densidad histórica y afectiva. El libro posee también un valor ejemplar para las generaciones más jóvenes, no sólo en Filipinas, sino en cualquier lugar del mundo. Lanot demuestra que el español puede ser una lengua adoptada y elegida como herramienta creativa, y que su aprendizaje no está ligado exclusivamente a la herencia familiar o nacional. En este sentido, el volumen funciona como estímulo para aquellos jóvenes autores que descubren la riqueza expresiva del español y lo incorporan a su escritura como espacio de libertad estética. En Filipinas existen hoy poetas y escritores que siguen utilizando el español como lengua creativa: Guillermo Gómez Rivera, Daisy López, Macario Ofilada, el recientemente fallecido Wystan de la Peña, o Marlon James Sales, entre otros. La figura de Marra Lanot, con una obra sólida, reconocida internacionalmente y ahora reunida en una edición cuidada, ofrece un modelo de continuidad y legitimidad: demuestra que escribir en español desde Filipinas no es un anacronismo, sino una posibilidad estética plenamente válida. En este sentido, el volumen funciona no sólo como recopilación poética, sino como acto de resistencia cultural. Reivindica el español como parte constitutiva de la identidad filipina, no en oposición a otras lenguas del país, sino como una de sus capas históricas fundamentales. Frente a la tentación de reducir el español en Filipinas a un simple vestigio colonial, la poesía de Lanot lo restituye como espacio de libertad creativa y de diálogo con el mundo. Así, Poesía completa en lengua española no interpela únicamente al lector interesado en la obra de una autora concreta, sino a todo aquel que concibe el español como una lengua plural, transnacional y abierta. La voz de Marra Lanot nos recuerda que el español también se ha pensado, se ha soñado y se sigue escribiendo desde Asia, y que esa escritura, lejos de ser marginal, ensancha de manera decisiva el horizonte universal del idioma. Javier Galván Guijo Ex director del Instituto Cervantes en Manila (2001-06, 2019-24)