domingo, 17 de junio de 2018



Héroes y villanos
“El fútbol es el rompeolas de las frustraciones de las gentes de todo origen y condición”  

Los primeros compases del Mundial de fútbol están mostrando en toda su crudeza el dramatismo que encierran encuentros en los que está en juego el prestigio no solo de los contendientes, sino de los países a los que representan. Más allá de planteamientos acertados, estrategias bien definidas, idoneidad de la puesta a punto de la condición física, son con frecuencia lances afortunados o desgraciados los que sentencian resultados y definen trayectorias. Y es que en el fútbol, como en la vida misma, en un instante todo puede cambiar  y para siempre; un acierto o un fallo inesperado hará de ti héroe o villano.

Antes de que comenzara a rodar el balón en el estadio Luzhniki de Moscú y de que el ya canoso Robbie Williams, con la bellísima Aida Garifullina en los coros, cantara su himno “Angel”, Lopetegui decidió anteponer sus sueños juveniles a la causa de la selección, y con ello puso en evidencia que si es importante ser seleccionador nacional, mucho más lo es ser entrenador del Real Madrid; podríamos decir en estos días de cambios ministeriales, mutatis mutandi que si es importante ser ministro de la nación, mucho más lo es ser presidente del club de Santiago Benabéu. La tribu casi siempre por encima del Estado, del proyecto colectivo; el corazón antes que la cabeza, la emoción antes que el deber. Perturbación desestabilizadora en la recta final de la concentración de la Roja.

Si a Lopetegui alguien le podría acusar, en sentido más bien metafórico, de traidor, todo lo contrario cabría decir de Griezmann, que permanece fiel a los colores que le han llevado a ser el heredero de Platini y Zidane en los bleus. Decidió con el corazón, y quizás también con la cabeza quedarse en el Atleti: de ser blaugrana, podría haber fracasado como le ocurriera a estrellas de la talla de Henry o Ibrahimović, mientras que en el Atleti será cada vez más su rey sol. 

Denis Chérishev es el nuevo héroe ruso, como nos contaba en su crónica para EFE desde Moscú, Virginia Hebrero, al marcar dos de los cinco goles que Rusia le endosó a Arabia Saudita en el partido inaugural. Hijo de un futbolista que jugó en el Spórting de Gijón ha hecho toda su carrera en España, siendo en la actualidad jugador del Villarreal; aunque no fue culpa suya, hubiera pasado a los anales por su alineación indebida cuando militaba en el Real Madrid, en un partido de copa contra el Cádiz, lo que supuso la eliminación del equipo que entonces dirigía Rafa Benítez.

Últimamente no corren buenos tiempos para los porteros. Diríase que a algunos, las manos se les hacen mantequilla, precisamente en partidos clave de sus carreras. Ya le pasó a Navas contra la Juve, en el tercer gol, en aquella aciaga noche para vencedores y vencidos, en la que Buffon acabó siendo expulsado del terreno de juego del Bernabéu en su despedida de la Champions. La final de la Decimotercera será recordada tal vez más por las cantadas del portero del Liverpool, Karius que por la monumental chilena de Bale (poetry in motion). Y la noche del viernes fue De Gea: el chut de Cristiano, no era para doblarle las manos. Con ese fallo el bueno de David, que no deja con ello de ser un magnífico portero, le ha hecho más grande a Casillas, del que no acaba de llegar a ser su sucesor. A Casillas, a pesar de llamarse Iker, se le nota que es de Móstoles, mientras que De Gea parece islandés. A Casillas también le metieron algún gol así cuando jugaba en el Oporto, pero en los partidos importantes siempre fue un valladar inexpugnable.

Y quien iba a decir que el mismísimo Messi, el mesías del Barça, que no de Argentina, iba a comenzar el mundial como villano, fallando un penal, ante Islandia. Maradona casi se come el puro que se estaba fumando en el palco; y no era para menos: la rutilante Argentina de la Pulga, el Kune, el Pipita y Mascherano  –¡cómo pudo dejar el boludo de Sampaoli  en la caseta a Dybala!- no pasaba del empate ante la selección –casi amateur- del país con menor población de todos las que han jugado los mundiales.   

La otra cara de la moneda del penal fallado es la del portero, y cineasta, Halldórsson convertido ya en gloria nacional islandesa por los siglos de los siglos: se le recordará en Islandia, como el que paró un penalti al dios Messi en el mundial de Rusia, como se recuerda todavía en España a Marcelino, por aquel gol de cabeza que le metió a Rusia, al mítico Lev Yashin, “la araña negra”, considerado entonces –comienzos de los sesenta- como el mejor portero del mundo.

Hacienda somos todos: desde Màxìm hasta Cristiano. Esta semana nos lo han vuelto a recordar, para que no se nos olvide; y hay que ver lo dura que es la vida, y lo grande que es el fútbol. Al pobre Màxìm sus pasadas cuitas con Hacienda le han quitado la miel ministerial de los labios, haciéndole acreedor al título de “El brevísimo”, mientras que a Cristiano la multa de casi 19 millones de euros, cincuenta veces la de Màxìm, y los dos años de cárcel, han sido un revulsivo para meterle tres goles tres a Hacienda; bueno a la selección española, pero como Hacienda somos todos, también lo es la selección. Y de ser en España un villano defraudador por la mañana, ¿un delincuente?, ha pasado a ser por la noche en Portugal el héroe por antonomasia, solo comparable a Vasco de Gama; ya lo era, pero desde la noche del viernes todavía más, pues a su atestado currículum añadió una victoria épica, en un mundial y frente a España; aunque solo fuera un empate, a los portugueses les supo a victoria. Cristiano se perfila este final de primavera rusa como el vengador de Aljubarrota y Alcazarquivir; él es el heredero del legendario Eusebio, la perla negra de Mozambique.

El gol de Bouhaddouz será probablemente uno de los más bonitos del mundial. ¡Qué cabezazo; imparable! Lo malo es que la metió en su propia portería, y en el minuto 95. Con ello pasa a engrosar la lista de villanos, de la que cómo vemos no se ha escapado ni el mismísimo Messi. Si el gol hubiera sido en la portería iraní, ahora Bouhaddouz sería aclamado como héroe nacional, a la altura de El Guerrouj o Said Aouita. Autogoles los han marcado los mejores defensas, Ramos sin ir más lejos, aunque hacerlo en un mundial duele todavía más; por no hablar de algún caso, como el del colombiano Escobar en 1994, de consecuencias trágicas: al pobre le asesinaron. ¡Qué barbaridad!

Aziz, que así se llama Bouhaddouz, desconsolado, ha pedido perdón a la afición marroquí, tal como lo hizo Karius en su noche triste de Kiev, a la hinchada del Liverpool. ¡Pero hombre, qué no lo ha hecho queriendo! Bastante disgusto tiene ya la criatura: le hierve la sangre del sur y el orgullo herido. De Gea, sin embargo, declara que está muy bien, que él no ha matado a nadie. Es lo que tiene ser islandés y no marroquí: lo ven todo como con más frialdad. 

El fútbol puede sacar a relucir los más bajos instintos y los más altos valores del ser humano; puede llegar a ser letal; cómo olvidar la tragedia del estadio Heyssel de Bruselas; pero también puede obrar milagros: ya lo vimos con el mundial de Sudáfrica: nunca en Cataluña se habían visto tantas banderas de España en las calles, ni nunca en Argelia tantas banderas argelinas ni tanta fierté algérienne. Y quien sabe si la frontera entre Argelia y Marruecos, anacrónicamente cerrada la abrirá el fútbol. Tras perder Marruecos la batalla por ser el país anfitrión de los mundiales de 2026, ante la candidatura tripartita de EEUU, México -sí México- y Canadá, ya hay voces que proponen una candidatura conjunta Marruecos- Argelia para la edición de 2030. Y ya puestos, ¿por qué no también con España? Y es que el fútbol es como la vida misma: hermoso muchas veces, trágico otras.  

Ven cómo el fútbol es mucho más importante de lo que parece. Los que solo ven a unos tíos cachas en calzón corto correteando detrás de un balón, y cobrando mucha pasta, no se han enterado de nada. Y si lo desprecian, por no comprender su significado, puede que tampoco se estén enterando bien de cómo somos los humanos.             




martes, 23 de enero de 2018

GAUDÍ. Rêves en pierre


Dans l'après-midi du 7 Juin 1926, un vieil homme avec un air de mendiant était à même le sol au centre de Barcelone après avoir été renversé par un tramway. Il n'avait pas de documents d'identification sur lui. Dans les poches de sa veste usée il ne lui restait qu'une poignée de cacahuètes et des raisins secs, et un livre très usé: les Evangiles. Le Gaudí distrait pensait probablement sur la façon de résoudre un problème de construction de l'église Sagrada Familia, la façade du Nacimiento, sur laquelle il travaillait quand un tramway détruisit ses rêves à jamais.

Durant l’année 2002, un nombre important d'expositions sur la personne et l'œuvre de l'architecte espagnol Antoni Gaudí, ont eu lieu dans le monde entier, en commémoration du 150ème anniversaire de sa naissance. Sur la page web www.gaudi2002.bcn.es, nous pouvons lire: «Beaucoup d'interprétations ont été faites de l'œuvre de Gaudí. Certains considèrent qu'il est traditionnel et d'autres croient qu'il est avant-gardiste. Certains l'appellent Gaudí le grand artiste et d'autres le grand technicien. Certaines personnes le définissent comme un transgresseur, mais certaines défendent son mysticisme. Tout le monde s'accorde cependant en affirmant que ses bâtiments sont étonnants, différents et par conséquent, difficiles à classer ». En fait, Gaudí était un architecte insolite. Cent soixante-cinq ans après sa naissance, nous nous demandons: Etait-il fou, génie, ou saint?

Il est certain qu'un fou n’est pas capable de construire ce que Gaudí a construit. La richesse de la forme des bâtiments de Gaudi n'est pas le fruit du caprice ou de l'imagination insensée, mais le résultat de l'observation minutieuse de la nature et de la capacité de résistance des matériaux et des structures. La folie de Gaudi est dans son originalité. Selon lui, l'originalité c’est revenir à l'origine. L’architecte « High Tech » de renommée mondiale Norman Foster, a déclaré que les méthodes de Gaudí, sont toujours révolutionnaires cent ans plus tard.
Gaudí est l’un de ces artistes dont les créations sont en avance sur le temps. Dans ses œuvres il y a beaucoup d'éléments qui pourraient être trouvés dans les œuvres d'avant-garde des artistes qui l'ont suivi. Il est l'un de ces artistes qui sont impossibles à classer, l'un de ces artistes qui ont une connexion directe et très particulière avec les muses, ou si vous préférez avec Dieu. Lorsque je pense à la vie de Gaudí et à son travail, je ne peux m'empêcher de penser à d'autres créateurs d'univers particuliers, comme le peintre hollandais Hieronimus van Aeken (c1450-1516) El Bosco, ou à un autre hollandais, Vincent Van Gogh, et aussi aux deux Catalans, comme lui: les peintres Salvador Dalí et Joan Miró.
Pour connaître l’œuvre d'un artiste comme Gaudí, il est fondamental de faire l'expérience de l’œuvre même. En d'autres termes, il est nécessaire d'aller en Espagne, principalement à Barcelone, pour la visiter. La connaitre seulement avec des mots et quelques images, cela est presque impossible. Tout ce que je peux faire en quelques lignes est de donner un aperçu de ses œuvres et d'inciter le lecteur à les visiter.
Antoni Gaudí est né à Reus (Juin 1852), une ville catalane prospère à une centaine de kilomètres au sud de Barcelone, d’une famille de plusieurs générations de chaudronniers. L'atelier de son père a été consacré principalement à faire des serpentins de cuivre pour les distilleries. Les formes des tubes en cuivre et leurs ombres sur le mur ont sans doute stimulé la vision spatiale du jeune Antoni Gaudí, un enfant malade atteint d'arthrite congénitale.  Enfant, il restait en marge des aires de jeux, et se consacrait à la méditation et l'observation de la nature qui l’entourait. Il n'était pas un bon élève, ni à l'école ni à l'université, mais très habile dans le dessin et le travail manuel.
Antoni Gaudí est le cinquième enfant de Francesc Gaudí et Antonia Cornet. Ses parents, comme beaucoup d'autres de cette époque, ont perdu deux de leurs enfants dans les premières années de leur vie. Seulement deux, en dehors d’Antoni, ont survécu : un garçon Francesc qui est décédé très jeune, à l'âge de 25 ans, juste après avoir obtenu son diplôme de docteur, et une fille Rosa qui est décédée à 35 ans.
La psychologie de Gaudí a été marquée par les deuils. Sa mère, Antonia est morte juste deux mois après son frère Francesc. Il n’y a que son père qui a eu une longue vie. Il avait 93 ans quand il est mort. En plus de la perte que représentait la mort de ses chers (même sa nièce, la fille de sa sœur Rosa, qui a été adoptée par Gaudí, est morte à l'âge de 36 ans), Gaudí a expérimenté un certain nombre de dépressions psychologiques dans sa vie. Toutes ces adversités l’ont marqué. Il est resté célibataire toute sa vie, mais on sait qu'une fois il a proposé le mariage à une dame qui lui a été présentée par son premier client, Salvador Pagés. Elle l’a rejeté, et cela signifia probablement une cicatrice de plus dans son âme. Sa vie fut consacrée à l'architecture, et pendant ses dernières années il a perdu tout intérêt pour les questions banales. Une seule chose demeurait dans son esprit: la construction du temple de la Sagrada Familia.
On n’aurait pas été en mesure d'admirer la plupart des architectures de Gaudí, sans certains nouveaux riches de la bourgeoisie catalane, self-made men et sans doute un peu fous. Beaucoup d'entre eux ont amassé leur fortune dans les Amériques. Fiers de leurs richesses, ils voulaient montrer leur réussite en tant qu'entrepreneurs. Des gens bizarres, qui ont trouvé dans l'imagination de Gaudí la meilleure manière pour montrer à leurs compatriotes leurs richesses. Mais l'imagination de Gaudí est allée encore plus loin que ce à quoi les clients pouvaient s’attendre.  Ses relations avec les propriétaires n'ont jamais bien fini. On dit que la seule relation de Gaudí avec un client qui n’a pas fini mal, c’est celle avec Dieu.
Parmi les clients de Gaudí, un a été fondamental, Eusebi Güell. Comme un Médicis de Florence, il a été responsable d'une quantité importante d'œuvres de Gaudí comme le Palau Güell construit entre 1886 et 1888, un palais dans le centre de Barcelone avec un dôme inspiré de Sainte-Sophie de Istanbul, où l’architecte n’avait pas de restriction budgétaire.
Le Park Güell (1900-1914), inclus dans la liste du patrimoine mondial, est le résultat d'un projet qui a échoué, de cité-jardin dans une colline de la banlieue de Barcelone. Gaudí se révèle ici non seulement comme fantaisiste, architecte presque surréaliste comme le montrent les pavillons construits, mais aussi comme un maître dans l'aménagement paysager. On pourrait dire que les architectes de Disneyland ont été inspirés par la conception du Park Güell.
Le projet Colonia Güell a été un projet écologique intéressant, destiné à fournir des logements aux travailleurs de l'usine textile de Güell. Malheureusement, il n’a pas abouti. Seule une crypte a été construite (1908-1916). Les formes organiques et apparemment fantaisistes de ce bâtiment sont géométriquement logiques, basées dans la nature ou dans des expériences constructives, en maximisant les capacités de résistance des matériaux.
Gaudí aimait utiliser les carreaux cassés de céramique émaillée pour revêtir les surfaces de ses bâtiments, en créant des mosaïques abstraites. Il a commencé à faire l'expérience avec ce matériel très tôt. En fait, son premier travail en tant qu'architecte était une maison pour un certain M. Vicens, fabricant de tuiles vernissées. Les façades sont entièrement couvertes de ce matériau.
Les maisons les plus célèbres de Gaudí se trouvent au centre de Barcelone dans le centrique Paseo de Gracia. Dans la Casa Batlló (1904-1906), où il est intervenu dans un bâtiment existant, Gaudí s'est exprimé en tant que sculpteur. Le toit représente en quelque sorte un dragon avec des tuiles en écailles. Les dragons sont populaires dans la mythologie catalane. Gaudí, en dépit de sa modernité avancée, a de profondes racines dans la tradition de sa culture.
Quelques ilots au-delà se trouve la Casa Milá, sa dernière œuvre civile, construite entre 1906 et 1910. On dit que les propriétaires ont dû hypothéquer la maison pour payer l'architecte, après une décision judiciaire. Gaudí a donné l'argent à un couvent de religieuses. En dépit de l'aspect massif de l'édifice qui est communément connu sous le nom de La Pedrera -La Carrière-, il n'y a pas de murs porteurs, mais le squelette, comme dans les bâtiments que Le Corbusier et les membres du Bauhaus édifieront des décennies plus tard.
Mais si Gaudí est vraiment connu dans le monde entier c’est en raison de son temple inachevé la Sagrada Familia, l'icône urbaine de Barcelone. L'architecte consacra les dernières années de sa vie entièrement à ce travail, une compilation de ses découvertes et ses conclusions formelles géométriques au service d'une créativité spirituelle. Les modèles de Gaudí et les dessins pour la Sagrada Familia ont été détruits pendant la guerre civile espagnole. Bien que les travaux pour parachever le plus grand chef d'œuvre de Gaudi sont en cours, presque finis, et ce n’est pas une chose anodine, cet effort a été un peu inutile, parce que seul Gaudí aurait pu finir son rêve, sorti de la pierre (à la gloire de Dieu).
Josep Lluis Sert architecte du pavillon espagnol à l'Exposition universelle de Paris de 1937, qui abritait Guernica de Picasso, et l'un des maîtres de l'architecture moderne, a déclaré en 1955: «Il est probable que dans l'évolution continue de l'architecture moderne, plus tard les expériences de Gaudí seront pleinement appréciées. Et la grandeur de son rôle de pionnier et précurseur sera reconnu ". Sert avait raison. Les bâtiments de Gaudi sont admirés de plus en plus au fil du temps. Quoi qu'il en soit, il y a encore beaucoup à découvrir sur les méthodes et les réalisations de ce génie spirituel qui est considéré par un grand nombre de ses compatriotes comme un saint.