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TEXTOS DISPERSOS
sábado, 20 de diciembre de 2025
El español como herencia viva: Marra Lanot y la continuidad de una tradición filipina
viernes, 19 de enero de 2024
TRES NOVELAS ESCRITAS POR ¿Y PARA? MUJERES
Desde hace algún tiempo leo muchos
más libros de los que compro: los autores me los regalan; más bien debería
decir autoras, en relación con esta glosa que voy a hacer de tres libros de
tres escritoras, uno de los cuales me regaló directamente su autora, Elia
Barceló, y los otros dos fueron donaciones a la biblioteca del Instituto
Cervantes de Manila: de Cristina López Barrio y de María Antonia Quesada,
respectivamente, siendo yo el primer usuario de la biblioteca que ha solicitado
su préstamo.
Elia
Barceló y Cristina López Barrio impartieron sendos talleres de escritura
creativa en el cervantes[1] de
Manila; el libro de María Antonia me llegó a través de su hija Almudena, que
trabajaba en la Oficina Técnica de Cooperación de la Embajada de España en
Manila. Hace ya tiempo, antes de que todos entráramos en la era digital, las
mujeres en España se lanzaron a "consumir" literatura en proporción
sensiblemente superior a la de los varones. En el metro de Madrid entonces,
antes de que todo el mundo comenzara a utilizar sus móviles como una extremidad
de su cuerpo más, se veía a mujeres, sobre todo jóvenes, leyendo siempre en los
vagones; eso ya es historia, pues todo el mundo cuando va en metro ahora va
mirando el móvil; esa proliferación de lectoras, en las últimas décadas, de
alguna manera ha tenido su derivada en la proliferación de autoras, que como en
ninguna época anterior, copan las listas de los libros más vendidos.
Como
digo, han llegado a mí por regalo o por donaciones estos tres libros que son
los últimos que he leído, más bien devorado. El primero que cayó en mis manos
fue el de María Antonia, del que me llamó la atención sobre todo la
originalidad en la elección del narrador, mejor dicho de los narradores, ya que
son los distintos personajes principales de la novela los que van relatando la historia;
(enfoque narrativo múltiple). Podría haber resultado más efectiva si el estilo
narrativo hubiera cambiado marcadamente con el narrador; a veces al lector le puede
costar identificar quién es el narrador de un capítulo determinado, ya que por
la uniformidad en el estilo pareciera que fuera la misma persona la que narra,
cuando en realidad son diferentes personajes con muy diferentes identidades.
Tanto
en la novela de María Antonia como sobre todo en la de Elia, adquiere un
protagonismo fundamental la casa, o la hacienda, en la que transcurren gran
parte de los acontecimientos. Al igual que ocurre en Rebeca con
Manderlay, podríamos decir que la casa es la protagonista principal y los
personajes y sus identidades, están en parte definidos en función de su
relación con dicha propiedad.
En
los tres casos podemos hablar de sagas familiares; son varias generaciones de
una misma estirpe las que aparecen en los relatos. Las tres novelas serían
también muy cinematográficas y podrían dar lugar sin duda a series de
televisión. Uno se queda con ganas de saber qué les va a ocurrir a esos
personajes más allá del momento en el que termina el relato en la novela
respectiva.
El
personaje principal es siempre una mujer, en la que se vislumbran rasgos
autobiográficos de la autora. Cristina lo explícita, en varias ocasiones en
boca de Flora, la protagonista de su novela, que como la Greta de Elia es la
narradora, y aunque en la de Maria Antonia la función narrativa se reparte –como
hemos dicho- resulta bastante evidente identificar a Carmen como la protagonista
principal. Flora y Greta son traductoras; Carmen ingeniera.
Solo
una de ellas es madre, la de Elia; a la de Cristina le obsesiona no serlo; la
de María Antonia no se lo plantea. En ningún caso su relación de pareja es
satisfactoria. La protagonista de Elia ya se ha separado de su marido al
comenzar la novela; la de Cristina lo acabará haciendo. La de María Antonia empieza
una relación homosexual de incierto futuro. Pero en ninguno de los tres casos la
protagonista tiene una relación heterosexual satisfactoria.
El
ingenio de los mediocres es el título de la novela de María Antonia Quesada; un
título que quizá no resulta tan sugerente como los títulos de las otras dos
novelas: Muerte en Santa Rita el de
Elia, y Niebla en Tánger, el de Cristina.
Un título es importante para atraer a un lector que todavía no conoce a la
autora, y sin duda el acierto en la elección del título ayudará a difundir la
novela, con independencia de la calidad de su contenido
Llegado
este momento resulta inevitable plantearnos la siguiente pregunta: ¿Es que
podemos hablar de una literatura escrita por mujeres, con unas características
propias diferente a la literatura escrita por varones? ¿Es que esta literatura
escrita por mujeres es de alguna manera respuesta a una problemática que
interesa especialmente a la mujer contemporánea en un rango de edad entre,
digamos, 25 y 65 años?
En
las novelas de Elia y de Cristina, las protagonistas comparten un hastío por la
relación matrimonial tradicional que ha ocupado gran parte de sus vidas. Son
ellas las que dan el paso para concluirlas, sin que haya ni infidelidades,
malos tratos o nada parecido. Se van, o se quieren ir de la relación porque ya
no pueden crecer en ella, y los maridos no pueden seguir siendo -si es que
alguna vez lo fueron realmente- compañeros de viaje. Lo que buscan, como las
mujeres de nuestro tiempo, es su realización personal por sí mismas, no como
esposas, madres o hijas, aunque sean todo, o casi todo ello.
El caso de Flora, en la novela de
Cristina, es sumamente explícito: hay tres hombres en su vida en el momento de
la novela: su cansino marido, su atractivo amante de una noche, y su
maravilloso compañero de aventura en Tánger. Pero lo último que sabemos de ella
es que se ha ido a vivir sola.
Aparece
la homosexualidad con la naturalidad de la vida misma, de forma tangencial y poco
exitosa en Santa Rita, y de forma
asertiva en Ingenio, como la opción
preferida, pero no determinante de su protagonista.
En
definitiva no se trata de sacrificar la vida por nada ni por nadie, sino de
vivirla (de forma propia). En eso las tres novelas son muy feministas, en
sentido esencial y positivo, sin necesidad de atacar a nadie, ni de utilizarlo
como bandera política, reivindicando el valor de la mujer en sí misma y no con
relación a otros. En ello podamos quizás encontrar, sí, un rasgo característico,
no ya feminista sino femenino de esta literatura escrita por mujeres y que leemos
todos con gusto y fruición.
Niebla
en Tánger. Cristina López Barrio.
Editorial Planeta, 2017
El
ingenio de los mediocres. María Antonia Quesada,
Olé Libros, 2021
Muerte
en Santa Rita. Elia Barceló. Roca Editorial de libros, 2022
martes, 13 de julio de 2021
The Spanish influence on Philippine Architecture. Facts and misperceptions
The talk,
with which the UP College of Architecture had honored me to participate on the inauguration on the on-line exhibit on the
Spanish influence in Philippine architecture, takes us to that period from 1565
to 1898 when the Philippines belonged to the Spanish Monarchy. If you notice, I
am not saying that the Philippines was a colony
of Spain, or that the Philippines belonged to Spain. They are important
nuances, in whose etymology we find reasons that will help us understand many
things when we talk about architecture. Take note also that the title is not “The
Spanish Architecture’s influence on Philippine Architecture”. This aspect is of
capital importance, because, as we will see, the influence is basically
conceptual rather than formal.
As Spain, France,
Portugal, Italy, Romania, and the different territories of southern Europe,
western Asia and North Africa share the heritage of the Roman Empire, as well
the kingdom of Spain and the aforementioned republics share the heritage of the
Spanish monarchy. In the same way that nobody would take a toll on the current
Italian people or government for the positive or negative aspects of the Roman Empire,
nobody should blame or praise the nowadays Spain regarding what happen during Spanish
Monarchy Empire.
The fundamental
difference between the colonizing action of the Spanish Monarchy Empire (and
the Roman Empire) compared to that of the British Empire is that the former
advocated integration meanwhile that of the latter was essentially
discriminatory and segregationist. For example: Three men born in Hispania came
to occupy the imperial throne in Rome. The Spaniards mixed their blood in the
Americas, promoting miscegenation, which produced great figures like Garcilaso
de la Vega, both Castilian and Inca, one of the best writers in Spanish
language in the Renaissance. On the contrary in the Anglo-Saxon colonies they
created indigenous reserves.
The Romans had reached
territories whose societies were much less structured than the Roman one. They developed
in them a civilizing action whose imprint is still palpable, in monuments, in their
legal systems, and in other cultural and social manifestations. We can say something similar about the American and
Philippine territories colonized by the Spaniards.
Just as Spaniards
merged with the indigenous peoples of the Americas and the Philippines, their
cultures also fused together, giving rise to new ethnic, social and cultural
realities. It was very different what happened with the British colonization of
North America or Australia, or with the one of other European countries such as
the Netherlands. The Spanish philosopher Julián Marías made the point perfectly
about the difference with a botanical simile. “The British transplanted their
society and culture to overseas territories; the Spaniards grafted them.”
The Castilians brought
in their cultural DNA features of the Greco-Roman and Muslim cultures. The
latter as a fruit of eight centuries of Arab and especially Berber presence in
the Iberian Peninsula. But they came to the Philippines through the viceroyalty
of New Spain (current Mexico). Let’s not forget that Legazpi was the Mayor of
Mexico City when he embarked for the Philippines from the port of Navidad
(today in the state of Jalisco). So, they brought also with them some features
of the Novohispanic culture. Different ingredients were brought by the
Spaniards to the islands to merge with the existing pre-Hispanic ones.
*
The first consequences
of the Spanish presence in the archipelago, regarding architecture, are urban planning and stone construction. As it is well known, Legazpi founded the Spanish
Manila (450 years ago right the past month) on the Maynilad settlement, ruled then
by Rajah Sulayman. He did it by following the specifications of the Laws of the
Indies[1]. Under this body of
regulations hundreds of cities were created in the Americas. From then on the
urban form of Intramuros has remained almost intact all these centuries in the Manila
plan.
Regarding construction
in stone, we do not have any evidence –at least none that I know of– that the
people who inhabited the islands used stone in their constructions, as did
other Pacific people, such as the Chamorro in the Marianas. As it is well
known, it was father Antonio Sedeño, one of the first Jesuits to arrive in the
archipelago, who began to exploit the quarries of Guadalupe and Meycauayan and also
to instruct the locals about how to carve stone.
The constructions of
the first Manila, made of wood and thatch, were easy to burn. As we know from
the chronicles, at least two large fires ravaged the city in those early times;
one was a consequence of the invasion of the Chinese pirate Limahong (1574),
and the other one was originated by the flame of a candle from the burial mound
of Governor Ronquillo (1584). Stone was a safe material against the risk of
fires. We know from the chronicles, that Manila was reconstructed and flourishing
with stone buildings. So, we may wonder: Were they buildings built in the
Spanish way?
Intangible influences
Here it would be
interesting to stop and ask what is a building built in the Spanish way, or
what are the features that identify a building as Spanish. A question that we
cannot possibly answer simply and categorically: From what era, from what
region, what type? The architect and historian Fernando Chueca tried to answer
this question in his Invariantes castizos
de la arquitectura española (Authentic
Invariants of Spanish Architecture). In this study, which is already a
classic, there is not much talk about the materials that are associated with
Spanish architecture, as clichés, such as tile curves, arches, grills or white
plasters. Moreover, what it is done is to identify nonmaterial features related
to spatial and structural composition.
So, we can make the
exercise of testing whether those invariants of Spanish Architecture are found
in Filipino Architecture. Let’s try first with the square proportion. According
to Chueca if comparing the Spanish architecture with the ones of other European
countries we can conclude that buildings in Spain trend to be less slender than
in other European countries. Therefore, façades are usually more in the square
than in the rectangular scheme. The reason of that feature could be found in
the Muslim tradition in which the square form is the origin of any patterned
composition. We find the same feature in the Fil-Hispanic architecture,
although we might wonder whether this is because of an aesthetical
sensitiveness or moreover as a consequence of the adaptation of the buildings
to the earthquake hazards. In any case a substantial percentage of Filipino
churches façades can be inscribed in an almost square pattern, which I have
come to define as the 3 x 3 pattern. We can follow a similar reasoning regarding
domes, which are as scarce in Spanish as in FilHispanic architecture.
However there are other
features as the space fluency that we don’t find in the Philippines. Or in
other sense we cannot say that in the Spanish architecture the octagonal shape
is as present as it is in The Philippines.
But let’s continue with
the discussion about whether the Filipino buildings at the end of 16th century
were influenced by Spanish Architecture. And the best way is to look at an
example of these buildings in order to answer the question: the only one that
remains from that time, the oldest construction in the entire country: San
Agustín church. Can we find similarities of San Agustín with some Spanish
temple? Yes and no. Yes in the typology, but not so much in the formal aspects.
It has been said that San Agustín follows the model of the Augustinian church
of Puebla (Mexico). It has its logic: the Augustinians were great builders,
first in the New Spain and later in the Philippines. Those Augustinian friars
came directly from the New Spain. Many of them were already been born there,
and they had never set foot in Spain.
If we analyze the plan
of San Agustín, we can see that it follows the typological model in fashion at
that time throughout the Christianity: the Church of Il Gesu in Rome by
Vignola, the architectural type that prevailed to host the new liturgy emanated
from the Council of Trent, that of the Counter-Reformation. And the secret of
its survival yields precisely in this typological choice. You must have read
that its resilience to earthquakes is due to a foundation in the form of an
inverted dome, or you must have read that the fact that San Agustín has
withstood all the earthquakes suffered by Manila, while all the other buildings
collapsed, was due to a miraculous cause. Perhaps it was the Santo Niño,
guarded by the Augustinians in Cebu, who worked the miracles. Don’t pay too
much attention to those theories, it has a much more rational explanation, its layout:
the lateral chapels between buttresses brace the central nave and give a great
rigidity to the whole edifice: pure anti-seismic design avant la lettre. But at the same time, Il Gesu of Rome follows the
model of a temple, this time genuinely Spanish: the church of San Juan de los
Reyes convent, in Toledo.
Therefore, we see that
the emblem of Philippine architecture at the turn of the 16th to the 17th
century follows the guidelines of the classical Greco-Roman architecture (facade,
pilasters, nave, dome, etc.) the specific type that was born in Toledo, which
through Renaissance Rome is projected throughout Christendom, and arrived in
Manila from the New Spain.
But here in Manila we
come across with an unskilled labor force, who is going to interpret the models
in a particular way. And also this architecture encounters the Chinese factor:
the Sangleys who will be fundamental in the entire history of Philippine
architecture. They are going to introduce their own sensitiveness. These
factors created a peculiar formal vocabulary, in a way different to the
buildings we find in Spain from that time.
As it has been said many
times, the Philippine architecture is a synthesis architecture, in which the Spanish
factor acted as a vehicle or a catalyst, causing and allowing the setting of
components (ingredients) of very different origin, with the result of a very
unique architecture.
The Spanish factor is
part of the Filipino identity, just as Greco-Roman and Arabic-Berber factors formed
part of the Spanish one. Architecture, like any other manifestation of the
culture of a people, is in turn a manifestation of its identity. It is
therefore inevitable that Spanish architecture has influenced Philippine
architecture. However, this influence must be understood in a vehicular key in
the same way that the Spanish language was the vehicle for the development of a
Filipino literature.
*
Tangible
influences
Now it
would be interesting to analyze how this influence, of ontological character (identity)
and therefore abstract, is manifested or not in concrete aspects. For this task,
the best way might be to take a typological tour through the different types of
architectural structures that have survived to this day in the Philippines.
In Spain the origin of
churches, even the conventual ones, was very different. Monasteries and
convents were built to host religious communities in an already Christianized
territory.
On the other hand, the
conditions of the natural environment in the Philippines are very different
from those of Spain, where a tropical climate like that of the Philippines is
not found in any of its regions, nor a seismicity as marked as that of the
islands. For this reason, the Spanish-Filipino architecture cannot formally
resemble much the architectures of the different Spanish regions.
From the typological
point of view, there is a spatial element the cloister, which is fundamental in
conventual architecture in Spain, and in the whole Europe. We rarely find cloisters
in Spanish-Filipino architecture.
Eventually we might say
that the Philippine ecclesial complex is an adaptation of the early New
Hispanic one, which in turn is a projection of Spanish models adapted to its
reality.
Other typical elements
of Fil-Hispanic architecture are the capiz windows, which enclosures the upper
floors. They have nothing to do with the enclosures in Spanish architecture:
the sliding panels whose structure is a wooden lattice filled with shells, have
an evident formal kinship with the shoji
enclosure panels from Japan or Korea, with the substantial improvement that
capiz on paper supposes. Capiz
windows are also found in Goa, former Portuguese colony in India. Scholars are
now in the debate whether they were taken from West to East or the other way
around. Anyhow the capiz panel is
something purely Filipino: what comes from Spain is the concept of enclosed
space, not the form, which comes, presumably from Japan. So a concept brought
from Spain, the enclosed space is the vehicle for the arrival of other foreign
influences to create something purely Filipino.
The bahay na bato has managed to preserve through
the years the features of the bahay kubo
that make it so suitable to the physical environment: earthquake resistance and
adaptation to the climate. The bahay na bato are boxes-like that can be
opened laterally, inviting the refreshing breezes, carriers of comfort to come
in.
Unlike the current buildings, non-practicable glass
boxes, tropical (infernal) greenhouses in which comfort can only be achieved by
consuming enormous amounts of energy, contributing to the destruction of the
planet. Unfortunately, the
repertoire of the Fil-Hispanic architecture has not been very much appreciated
during the longest part of XXth century, when International or Modern style was
ruling all over the world. This repertoire offers timeless lessons to the
architects as those related o space and light the two essential ingredients of
Architecture.
In that process trial
and error mentioned above, it is interesting to notice how the bahay na bato managed to regain the
seismic stability that the bahay kubo
always had. These ones, supported on their legs, danced when earthquakes, as
Fernando Zialcita tells us poetically in some of his rehearsals. Stone does not
work well when earthquakes occur. We know that the first generation of stone
buildings collapsed during Manila 1645 earthquake. Constructors of bahay na bato learned that with an
adequate distribution of masses their buildings would resist the shakes: heavy masses
at the lower part and light masses at the upper ones. In spite of their weight,
tiles, so associated with Spanish, and also Chinese, architectures, continued
to be used until the last decades of the Spanish presence in the archipelago.
After de 1880 earthquake the use of a new construction material then, corrugate
iron, was prescribed instead of tiles for roofing.
This and other
prescriptions and regulations were gathered in which is probably one of the
first ordinances for seismic stability in history: Reglas
para la edificación en Manila, dictadas a consecuencia de los terremotos de los
días 18 y 20 de julio. Neither in Japan nor in the USA we have found a comprehensive
regulation as early as this one about the matter. This proves the high level of
modernity that the urban Philippines had reached in the 19th century.
Watchtowers and lighthouses. We have seen that Fil-Hispanic religious and
domestic architecture do not formally resemble very much to the Spanish ones.
We are going to see now some examples where formal similarities are much more
visible. That is probably because the nature of these structures is rather
engineering than architectural type: fortresses and lighthouses.
There are some unique
elements that highlighted –some are still highlighting– the coasts of Spain and
the Philippines. I mean watchtowers and lighthouses. The first ones from the
seventeenth century, perhaps earlier, and the last ones from the middle of the
nineteenth. The construction of watchtowers was necessary on the Spanish
Mediterranean coasts to prevent and deal with attacks by Berber-Muslim pirates
from North Africa. In the same way, these towers were built on the coasts of
Visayas and Luzon to watch the arrival of Muslim pirates from Mindanao, Jolo or
Borneo who ravaged with their raids the coastal populations of the
Christianized islands.
Philippine coastal
watchtowers have very different shapes; not all of them have resemblance with
the Spanish ones. Some of these watchtowers were at the same time churches
belltowers. But if we go to Ilocos coast we will find structures the look very
Spanish. I mean those conical shaped watchtowers as in San Esteban, Santiago or
Sulvec. We find similar structures not only in other watchtowers in the
Mediterranean coasts but also in windmills in La Mancha or Murcia.
Regarding lighthouses, a
plan was developed in order to mark the coasts of the territories that were
part of the Spanish kingdom, with no distinction between the mainland and the
overseas territories. The coasts of Cuba, Puerto Rico and the Philippines had
the same consideration than the Cantabrian, Atlantic and Mediterranean
peninsular coasts, as well as those of the Balearic and Canary Islands. So we
find very similar structures dating from the same time either in Spanish or
Philippine coasts.
Intramuros has the best-preserved bastioned perimeter of the
Hispanic world, only after Cartagena de Indias in Colombia. Bastioned
architecture constitutes the first example of globalized architecture (or
engineering) in history. From Ibiza to Manila, passing through Africa and
America, the cities of the Spanish and Portuguese empires present a big
homogeneity in their wall systems. Sentry boxes, bulkwarks, ravelins,
cavaliers, gates… in different continents have a big formal resemblance.
The checkerboard layout
and the bastioned fortifications, which enclosed them, are compositional
elements, or construction, common to Latin America and the Philippines,
belonging to an order that extends throughout the world, as will also happen in
the 19th century with the eclectic architecture and later with the International
style.
Conclusions
- - The
Spanish influence in Philippine architecture is obvious since the architecture
is the manifestation of one nation culture and identity, and the Spanish
ingredient is a substantial part of Philippine culture and identity (Nick Joaquin)
jueves, 4 de junio de 2020
ANTONIO BONET EN MANILA (in memoriam)
¡Claro! La conductora es extranjera; si hubiera sido filipina no nos hubiéramos chocado. Exclamó Antonio Bonet, que tras apenas una semana en Manila, se había dado perfectamente cuenta de que para los conductores filipinos la distancia de seguridad se mide en milímetros.
Había
encontrado yo un hueco en la calle Wilson, aparcamiento en paralelo, y me
disponía a ocupar ese hueco, al tiempo que en el espacio adyacente otro coche
hacía maniobra para salir; había espacio suficiente para que cada coche hiciera
su maniobra correspondiente, pero ¡zas!, se produjo la colisión. Salí del coche
para ver si había daños, y hablar con el conductor del otro vehículo, que
resultó ser una señora norteamericana que había vivido hacía algunos años en
Manila y volvía para visitar a sus amigos. De pasajeros llevaba a Antonio y a Xavier Huetz de Lemps. Les
llevaba a Greenhills, al mercado de perlas, visita inevitable para todo extranjero
que se acerca a Manila.
Salieron
del coche conmigo para apoyarme en caso de trifulca con el conductor del otro
coche, algo inevitable en España o en Italia, y harto improbable en la
geografía asiática. No hubo daños en ninguna de las dos carrocerías, dado que
estábamos prácticamente parados, y el encuentro con la turista norteamericana
acabó siendo muy cordial.
Corría
el año 2002, el segundo en el que yo ocupaba el puesto de director del
Instituto Cervantes de Manila, algo que nunca pude imaginarme iba a ocurrir, y
a lo que incluso renuncié en primera instancia cuando me lo propusieron –¿qué
pinta un arquitecto en el Cervantes, alegué?- pero que resultó encajarme como
anillo al dedo. Habíamos organizado un congreso internacional sobre
arquitectura hispano filipina, cuyo ámbito se amplió a la arquitectura colonial
de otros países del sudeste asiático, condición sine qua non para poder recibir financiación de ASEF (Asia Europe
Foundation), con sede en Singapur, que entonces presidía el diplomático español
Delfín Colomé.
Vinieron
a Manila participantes de Malasia, de Indonesia, de Holanda, de Francia y de
España, que se unieron a la nutrida participación filipina. No acabábamos de
identificar un keynote speaker que
abriera el congreso con una ponencia magistral. Y fue Delfín quien propuso que
invitara a Antonio Bonet, lo que tenía mucha lógica pues al patrimonio
arquitectónico hispano filipino se le etiquetaba entonces como perteneciente al
estilo earthquake baroque[1], y
el historiador indiscutible del arte barroco era Antonio Bonet, de quien
naturalmente yo tenía múltiples referencias, pero a quien no conocía
personalmente.
Dio
la casualidad de que Antonio viajaba a Manila en el mismo vuelo que Xavier
Huetz de Lemps, historiador francés interesado en la vertiente sociológica del
urbanismo hispano filipino, que había disfrutado de una residencia en la casa
de Velázquez de Madrid, y a quien conocía personalmente de los congresos de la
AEEP (Asociación española de estudios del Pacífico) que entonces vivía sus años
dorados[2]. A
pesar de que viajaban en clases distintas – Antonio fue el único participante
que el presupuesto nos permitía traer en business-
y de que Antonio le debía doblar la edad o casi a Xavier, cuando les encontré
en el aeropuerto al final de ese largo pasillo de llegadas de NAIA que antecede
a la zona de control de pasaportes, parecían ya dos buenos amigos que se
conocieran de toda la vida. Había muchas razones para la empatía, entre ellas
el que Antonio tuviera una conexión tan profunda con todo lo francés y el que
Xavier fuera ya un investigador de primer nivel, pero es que la cercanía de Antonio
era la de ese tipo de personas, a las que desde la primera vez que las ves
parece que las conoces de toda la vida.
Xavier
llegó derrengado, no es para menos tras semejante viaje; sin embargo Antonio
con ese porte de gentleman a lo Cary Grant, llegaba impecable como si el origen
de su vuelo no hubiera sido Madrid un día y dos escalas antes, sino la cercana
ciudad de Cebú. Vale que venía en business,
y aun así, peo es que ya estaba más cerca de los ochenta que de los setenta.
Les
llevé al hotel Manila Midtown, el mismo en el que yo me había quedado unas
semanas a mi llegada a Manila, hasta encontrar piso, hotel magnífico, hoy
desaparecido, fulminado por la
hiperdinámica evolución típica del sector inmobiliario en los países asiáticos.
Ya había caído la tarde.
-
Supongo que querréis descansar. ¿A qué hora paso a recogeros mañana?
les pregunté a mis invitados.
- Javier he visto que el cementerio de Paco no está lejos de aquí. ¿Podemos ir ahora?
contestó Antonio, dejándome perplejo.
- Sí,
claro, aunque no vamos a ver mucho porque ya está todo oscuro y no sé si lo
cierran por la noche.
- Estupendo.
Así sé dónde está y me puedo acercar mañana o en cualquier otro momento; que tú
estarás muy ocupado.
- Bueno, dejad las maletas en la habitación, refrescaros un poco, y yo os espero aquí en el lobby.
La verdad es que en los cinco años largos en lo que estuve dirigiendo el cervantes[3] de Manila, en mi primer etapa, y en el año que llevo ahora, no he visto a nadie que llegara con tanta energía, que disfrutara tanto de todo, y que reaccionara a todo lo que nos pasaba –hasta a los accidentes- de manera tan positiva. Le parecía todo fenomenal; la comida estaba siempre buenísima en todos los restaurantes a los que íbamos, y ni siquiera el imposible tráfico de la gigantesca metrópoli filipina le perturbaba.
Con extraodinaria sencillez ostentaba una indiscutible autoridad que iba más allá de lo académico. Tras el incidente de la colisión aparcando el auto, ya en el mall de Greenhils, era divertidísimo ver a Antonio regatear con los vendedores. Cogía los artículos que le interesaban y después de que el vendedor mencionara un precio, Antonio le decía:
- No, no, no. Mira: te doy esto. (mostrándole
unos billetes). Ya está, ya está.
Y asombrosamente, el vendedor aceptaba sin rechistar el precio que había decidido Antonio.
Tras finalizar el congreso algunos de los participantes, entre ellos Antonio y Xavier, se quedaron el fin de semana en Manila. Aprovechamos el sábado para hacer una excursión visitando las iglesias franciscanas de la Laguna de Bay. Se nos unió Gemma Cruz, la que fuera Miss Internacional y ministra de Turismo, gran defensora del patrimonio filipino[4]. La popularidad y el glamour de Gemma hacía que cuando llegábamos a cada uno de los lugares: Morong, Baras, Pakil, Paete, etc., al poco tiempo de descender del minibús, se corriera la voz por toda la población, y se nos acercaran numerosas personas que querían hacerse fotos con Gemma. Además de Gemma, de entre los componentes del grupo, guiris o filipinos, pero todos con innegable aspecto de turistas, destacaba Antonio, que con su impecable traje blanco, su intacta cabellera también blanca parecía un actor de cine. La verdad es que Antonio y Gemma hacían una pareja de cine, y los parroquianos nos preguntaban si el grupo venía directamente de Hollywood.
Algunos
años después de aquel congreso, en 2005, publicamos sus actas en forma de
libro, al que titulamos Endangered,
siendo nuestra publicación más vendida en distintas ediciones de la anual Feria
del libro de Manila. Comienza con el ensayo Barroco
hispano en el que Antonio Bonet incorpora los ejemplos patrimoniales
filipinos al gran acerbo de la arquitectura barroca hispánica.
Cuando
al final de aquel mismo año del congreso fui a Madrid a pasar como todos los
años las fiestas de Navidad, Antonio me invitó –tal como me había prometido en
Manila- a cenar en compañía de Monique su mujer, en un restaurante que frecuentaban
en las inmediaciones de su domicilio en pleno centro de Madrid. Todavía no
conocía a sus hijos, Pedro, el músico y Juan Manuel –que con el pasar de los
años sería primero compañero en el Cervantes, y luego mi jefe como director de
la institución.
Por
aquellos años, 2003 y 2004, aunque seguía en Manila, iba con cierta frecuencia
a Madrid, a ver a mis padres casi nonagenarios, y aprovechaba siempre para ver
a Pedro Navascués que fue mi director de tesis, y que me solía citar en la
Academia de BBAA de San Fernando donde a la sazón era Secretario general.
Siempre aprovechaba para ir a saludar al director de la institución que no era
otro que Antonio, quien siempre me recibía con su proverbial simpatía y buen humor.
Pasábamos un rato muy agradable rememorando anécdotas de aquella semana tan
especial en Manila. También siempre me preguntaba por nuestro amigo común, el “diplomático
músico”, como él decía, quien seguía su carrera en Asia.
Su
memoria era prodigiosa; la última vez que pude comprobarlo, la última que le vi,
fue –cómo no- en la Academia, aunque ya no era presidente. Discurrían los
últimos días de 2017. Unos amigos habían quedado con el Secretario, José Luis
García Del Busto para visitar con él, en el museo, una exposición magnífica
sobre Ventura Rodríguez: me invitaron amablemente a unirme al grupo. Al
reunirnos en el despacho de G. Del Busto, les hablé de mis visitas a aquel
edificio y de mis encuentros con Antonio, insistiendo en que se acordaba de los
detalles más nimios de su estancia en Manila. Me dijeron que seguía yendo mucho
por allí, que estaba muy bien aunque llevaba un poco mal lo de tener que ir en
silla de ruedas; su coquetería le había hecho resistirse mucho a ello.
Estaba
recorriendo la exposición con Del Busto y estos amigos cuando mira por donde
aparece Antonio en su silla de ruedas. Fuimos a saludarle; tardó unos pocos
segundos en reconocerme: hacía por lo menos cuatro años que no me había visto,
en la ceremonia de ingreso en la academia de otro insigne amigo, Alberto Campo
Baeza.
-
¿Te acuerdas Javier de aquel día en Manila que …
Miré a mis amigos, encogiéndome de hombros:
-
¿No os lo decía?
[1]
Término acuñado por Pal Keleman, que pudiera ser de aplicación a las
construcciones filipinas, principalmente iglesias, construidas en los siglos
XVII y XVIII, pero en el que difícilmente encajan las construcciones del siglo
XIX.
[2]
En aquellos años presidida por Leoncio Cabrero, e impulsada siempre por Rafael
Rodríguez-Ponga, jugó un papel muy importante en despertar el interés de la
sociedad española por los estudios sobre Asia-Pacífico, y en especial sobre
Filipinas.
[3]
Aunque parezca un
sacrilegio escribir cervantes con minúscula, reivindico esta grafía cuando nos
referimos –nombre común- a uno de los más de sesenta centros que el Instituto
Cervantes tiene en todo el mundo.
[4]
Autora de varios libros y
columnista, Gemma Cruz ha ocupado diversos puestos en la administración
filipina, entre ellos el de Directora del Museo Nacional. Donó la sustanciosa
cantidad recibida al ganar el concurso de Miss internacional a instituciones
benéficas.
domingo, 5 de abril de 2020
¿TRAERÁ EL COVID -19 LA SALVACIÓN DEL PLANETA?
En una guerra nuclear toda la humanidad podría haber sufrido, o podría sufrir, la aniquilación como consecuencia de un enfrentamiento entre dos o más potencias. La amenaza de que, meteoritos aparte, pudiera desaparecer nuestra civilización, la vida en nuestro planeta, como consecuencia de una guerra nuclear, se hizo realidad cuando al menos dos potencias antagónicas dispusieron de arsenales de armas con capacidad para destruirlas por completo. Aunque pareciera absurdo que los dirigentes capaces de desencadenar esa destrucción masiva fueran a propiciar su propia destrucción (y la de sus pueblos), episodios de la historia nos recuerdan que no hay garantía absoluta de que ello no pueda ocurrir. Las últimas generaciones, como nos ha recordado Bill Gates, hemos vivido con esa amenaza nuclear. Amenaza al fin y al cabo, que se ha ido controlando bastante bien. Las de Hiroshima y Nagasaki fueron las primeras y últimas bombas atómicas arrojadas sobre seres humanos.
Por primera vez todos hemos comprobado que somos vulnerables ante una misma causa o agente destructivo. Todos, sin excepción. Y no en un libro que hemos leído, en una película que hemos visto; no es una posible amenaza, no es una pesadilla de la que nos acabamos de despertar; es una realidad que está afectando a nuestra vida, que está afectando a todas nuestras vidas.
Y podría ser mucho peor; puede ser todavía peor; si el virus se transmitiera por el aire que respiramos, si su letalidad fuera mayor... Nos hemos damos cuenta colectivamente y casi al unísono de que como especie somos muy vulnerables; somos vulnerables como lo fueron los dinosaurios.
La amenaza que representa el cambio climático, provocado por la acción devastadora del hombre sobre la naturaleza, es una amenaza tan real como la nuclear, que algunos se han tomado muy en serio en las últimas décadas, pero que no todos se lo han tomado tan en serio. Como en los tiempos iniciales de la pandemia del Covid-19, muchos creen que el cambio climático no es para tanto, que a nosotros no nos va a afectar (los icebergs no se derriten en Londres), que ya se tomarán medidas cuando la cosa se ponga peor, que no está cien por cien demostrado que el agujero de la capa de ozono se deba a la acción humana, etc. No nos hemos tomado en serio, no hemos llegado a interiorizar la idea de que la vida en el planeta está amenazada, de que puede desaparecer, de que tarde o temprano nos va a afectar a todos de manera irreversible.
Por cierto que la naturaleza se está dando estas semanas un respiro. Los cielos horriblemente contaminados durante décadas de las megalópolis se han limpiado y lucen intensamente azules. Aparecen en el horizonte montañas que ya no sabíamos que estaban allí y que podíamos ver desde nuestras ciudades. Hasta la capa de ozono se está regenerando; algunos por ello han querido ver en el virus un instrumento de un mecanismo de ajuste de la naturaleza.
Nos ocurre a nivel de especie como al fumador crónico le ocurre a nivel individual; sabe que el tabaco le puede matar, sabe que no es lógico seguir fumando, que debería dejarlo, que es absurdo día a día seguir intoxicándose. Y hasta que algo o alguien no provoca un click en su interior, no le nace la determinación inequívoca de dejar de fumar, no interioriza esa idea; y sólo a partir de ese momento del click es capaz de poner en práctica las acciones necesarias para conseguir su objetivo de liberarse de la tiranía del tabaco. Lo mismo podría decirse que ocurre con determinadas relaciones humanas.
El Covid-19 podría ser el desencadenante de que se produzca ese click en nuestro interior que nos haga tomarnos a todos muy en serio el hecho de que la acción del hombre sobre el planeta puede destruirlo, y va a destruirlo si seguimos así, como antes de que el mundo se parara en marzo de 2020. Ese click a partir del cual seamos plenamente conscientes de que no es solo una teoría, una película o una pesadilla, sino que es algo muy real que acabará afectándonos a todos, de forma dramática, tal vez destruyéndonos a todos.
El fumador empedernido ha sufrido una bronquitis aguda que le ha tenido postrado, y que le ha hecho ver cuál puede ser su triste final. Ha visto el final de otros fumadores como él, cuyo sistema inmunológico estaba más débil. Si no deja de fumar ya, tarde o temprano seguirá el mismo camino. Si la humanidad no aprende de esta crisis llegarán otras crisis de consecuencias mucho más devastadoras.
El aspecto más significativo, aun siéndolo mucho, no es el cuantitativo. No sabemos cuántas muertes acabará causando el Covid-19. Algunas fuentes auguran el millón. Son muchas, demasiadas en términos absolutos, pero si las comparamos con las provocadas por otras causas: 1,3 millones de personas mueren al año en las carreteras del planeta; casi diez millones al año de cáncer; más de 6,3 millones de niños por causas relacionadas con la desnutrición; más de ochocientas mil personas se suicidan cada año; se estima que la mal llamada gripe española de 1918 acabó con la vida de entre veinte y cuarenta millones de personas. Vemos que en términos relativos la mortandad ocasionada por le Covid-19 no es mayor a la de otras lacras que ha padecido o padece la humanidad. Lo realmente extraordinario, además de que la contabilidad de estas muertes se hace pública al día, casi a la hora, es que haya afectado a todo el mundo y que haya provocado el cese de la actividad humana en el planeta, mostrando la vulnerabilidad del mismo y de los sistemas sociales y económicos que rigen la vida en él.
La crisis del Covid-19 pone en evidencia la necesidad de trabajar conjuntamente y de adoptar políticas comunes a nivel planetario, y de que eso sea una prioridad: que el mundo sea uno (and the world will be as one), no sólo en nuestra imaginación sino en la realidad. Constituye además una advertencia muy seria sobre la vulnerabilidad del planeta y de la especie humana. Una nueva advertencia[1] que ha paralizado el mundo, y que debería propiciar el nacimiento de un nuevo orden social, económico y sobre todo político.

